14 consejos para irse de viaje con amigos y no morir en el intento

El verano ya está aquí y con él llega por fin el sol, la playa, el trekking, el terraceo, las noches de jarana y un sin fin de planes más que esta última tragedia a nivel global (todavía en curso) se había encargado de arrebatarnos en gran medida. También muchos de nosotros estaremos deseando ya, si no lo habíamos hecho todavía, salir de viaje por unos días y descubrir o redescubrir destinos que sacien nuestras ansias de cultura, aventura y diversión. Y más que probablemente, estas nuevas aventuras serán en compañía y quizás incluso en compañía de amigos y amigas. Esto, os lo aseguro, puede ser la oportunidad perfecta para conocer otras facetas de las personas de vuestro entorno que quizás desconocíais y fraguar aun más ese vínculo especial; pero cuidado, porque aunque no pueda parecerlo a simple vista, un viaje es una experiencia extremadamente intensa que pondrá a prueba la amistad en más de una ocasión. Por ello y tras unos cuantos viajes con la troupe, desempolvo el baúl de los recuerdos y os traigo una guía con algunos consejos para irse de viajes con amigos, pasarlo bien y no morir en el intento:

Pre-viaje:

1. La idea. El What, Who, Where, When, Why and How

Mucho antes de tumbarnos a la bartola y ponernos el bronceador… de subirnos al avión… de hacer la maleta… Incluso antes de iniciar la planificación y ponernos a reservar… surge en la cabeza una primera y primitiva idea de lo que sería nuestro viaje perfecto. A veces nace espontáneamente en una conversación y otras es propuesta por un integrante del grupo y aceptada por los demás. Sea como fuere, será esa primera idea la clave de todo el viaje.

Pero es una idea que seguro evolucionará con el tiempo y así debería hacerlo. No hay que conformarse, pero tampoco aferrarse con ahínco a un destino, unas fechas, una forma de viajar y a unas personas concretas. Es importante dejar que la idea fluya y se adapte al grupo de amigos. Querer adaptar el grupo a la idea de viaje es contraproducente y seguro no dará más que resultados negativos.

A pesar de todo, para algunos de los componentes iniciales del grupo, la idea continuará siendo sólo una idea y por mucho que nadéis a contracorriente y se lo deis todo bien mascado, no se podrán o querrán apuntar al viaje. Cuando esto ocurre, es importante no frustrarse y no llevárselo a lo personal; podéis ser los mejores amigos del mundo, compartir todos los gustos habidos y por haber y coincidir en todas las opiniones y aún y con ello, no llegar a ser nunca los “perfectos compañeros de viaje”. Quizás no tenéis los mismos intereses en cuanto a destinos, os movéis a ritmos distintos, no disponéis del mismo presupuesto o no estáis en el mismo punto en vuestra vida. También hay gente que a pesar de vivir en esas condiciones perfectas para que el viaje salga adelante, se estresa, se come la cabeza demasiado, hace una montaña de un granito de arena y pone piedras en su propio camino para no salir a la aventura con el resto del grupo. Pasa, es normal y no hay nada que podáis hacer. 

Además, muchas veces los mejores viajes son aquellos que haces con personas inesperadas y a destinos que nunca habrían estado en tu lista. En ese aspecto, la diversidad es muy bien recibida en un viaje con amigos, pues las distintas culturas y los distintos puntos de vista de los componentes pueden crear unas sinergias muy ricas e interesantes. Eso sí, es importante siempre compartir una misma visión, una misma esencia de lo que queréis o lo que buscáis en un viaje y es que si llegara a carecer, sí podría pasar que las personas a las que tanto queréis no fueran vuestros mejores compañeros de viaje.

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Irlanda, un destino que no tenía en mente y disfruté muchísimo con mis amigos

Lo que pretendo aconsejaros es que, si bien es maravilloso tener una imagen clara del lugar donde queréis ir, las experiencias que queréis vivir y la gente con la que lo queréis compartir, hay que abrir un poco más la mente, dejarse sorprender y pensar que, sea cómo sea, si conseguís sacar adelante el viaje y permanecéis unidos, os lo pasaréis igualmente genial.

2. Com més serem, més riurem?

Hay una expresión catalana muy famosa que dice: com més serem, més riurem que significa literalmente: “cuantos más seamos, más nos reiremos”. Hablando de viajes, no sé si esto se puede aplicar al 100%. Personalmente y en general, siempre me he sentido más a gusto en “petit comité”. Ni que decir tiene que en términos de organización, cuantas más personas vayáis, más complicado es todo. Pero no es sólo eso, suele ocurrir que en grupos muy grandes, esa complicidad y esos intercambios que hacen de un viaje en grupo una experiencia tan especial, se diluyan y se puedan acabar perdiendo.

No soy yo nadie para determinar cuál es el número mágico de componentes; esto es un tema totalmente personal y si para algunos tres ya son multitud, para otros una mesa en la terraza con 20 amigos es el pan suyo de cada día. Pero por mi experiencia viajando en grupos enormes (incluso de 100 personas), grupos medios y pequeños, creo que el confort, el dinamismo, la convivencia y el disfrute son mayores y mejores en viajes con hasta 10 personas.

3. Organización.

Viajando solo, uno se puede tomar el lujo de parar donde se quiera, el tiempo que prefiera y hacer las actividades que a uno le apetezca en ese momento. Con los amigos, por muy aventureros y espontáneos que os creáis, siempre hace falta una pizca de organización. Al fin y al cabo, imagino que todos querréis viajar en las mismas fechas y en el mismo avión, dormir en el mismo hotel, seguir la misma ruta de viaje y más o menos visitar los mismos lugares; y para conseguir todo ello, hay que tener una cierta planificación y reservar con un poco de antelación.

No quiero decir que un viaje planificado al milímetro sea mejor ni que la improvisación completa esté destinada al fracaso. A mí me gusta hacer siempre un mix de lo anterior: informarme bien sobre el destino por si, una vez estando de viaje se torciera el plan o nos apeteciera cambiarlo, conocer las alternativas y tener un salvoconducto viable. Al final, cuantos más cabos sueltos dejéis, más tiempo y esfuerzo tendréis que dedicarle después en solucionarlos y menos tiempo pasaréis realmente de aventura.

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Una tarde improvisada con mis amigos en los bosques de Palermo

4. Flexibilidad.

Así como digo que hay que dejar bien atados algunos elementos, es importante tener la capacidad de cambiar otros sobre la marcha. Como decía al principio, hay que adaptar el viaje a las necesidades del grupo y no a la inversa. Este consejo me parece especialmente útil en lo concerniente al tiempo: Encontrar los días perfectos puede ser un juego entretenido y frustrante. En la mayoría de los casos no se puede pretender marcar unas fechas y que todo el mundo se amolde a ellas. ¡Ojalá!. Tener cierto margen, aún incluso cuando sólo nos dan una semana de vacaciones en el trabajo, es primordial. En algunas ocasiones, por ejemplo, nos hemos tenido que cambiar las vacaciones con un compañero y otras nos hemos saltado el cumpleaños de un familiar. Es una pena, pero al final hay que priorizar y adaptarse, normalmente no se puede tener todo.

Y esto vale para cualquier problema que pudiera surgir, porque ser demasiado estricto nunca va a jugar a nuestro favor. Por otro lado, querer es poder. Si realmente os hace ilusión el viaje con amigos, calma porque seguro que al final os ponéis de acuerdo en lo que sea que discrepabais, acabáis encontrando las fechas perfectas y todo sale rodado.

5. El dinerico que todo lo mueve.

Entramos ahora en un tema bastante espinoso. Vamos a ser sinceros: dentro del mismo grupo de amigos, por situaciones X de la vida, siempre va a haber gente que tenga más dinero que el resto. Incluso aunque superéis ese escalón y determinéis un presupuesto común para todos (algo muy aconsejable), la percepción de cómo se debe gastar o invertir ese presupuesto es muy personal y puede llevar a disputas y de las gordas. En nuestro grupo viajero ocurre constantemente: hay compañeros a los que no les importa dormir en un camastro en el suelo mientras hagan 1.500 actividades, otros que prefieren gastar un poco más en la comida y sacrificar alguna actividad y otros que no están dispuestos a salir de casa si van a tener que hacer el más mínimo sacrificio, no importa el presupuesto. Al final no tiene tanto que ver con el dinero disponible (que también) sino con las convicciones y los gustos que cada uno tiene.

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Viaje a París con amigos, un destino mucho más barato de lo que parece

Entonces, hay que saber escuchar y ponerse a negociar para llegar a una situación donde todos estemos más o menos satisfechos. El “hoy por ti y mañana por mí” también suele funcionar muy bien. Eso sí, es esencial que respetemos las negativas tajantes de los compañeros del grupo, sobretodo en temas de dinero; y es que por muy buenos argumentos que tengáis y mucha emoción que le pongáis al discurso, si una persona no tiene el dinero para gastárselo en algo concreto o se niega en rotundo por alguna razón, va a ser muy difícil que logréis convencerlo de ello. Y he de confesar que esta es la lección que más tiempo he tardado en aprender y que todavía hoy en día, me cuesta aplicar. Porque sin quererlo, siempre acabamos tirando más hacía lo que nos conviene o nos apetece a título personal y es muy importante recordar que hay que ponerse en la piel de los demás.

6. Compartir los planes con el grupo.

No sé si sois de los que os gusta implicaros en la planificación de un viaje o de los que dejáis que otra persona se encargue de todo. Generalmente, yo soy de los primeros. Tampoco me queda otra opción porque mis amigos son de los segundos y si por ellos fuera, lo dejaríamos todo para último momento; pero también he de decir que me ofrezco encantado porque me apasiona documentarme sobre los destinos, planificar las rutas e irme de viaje bien informado.

Si a vosotros os ocurre esto también o formáis parte del “comité organizativo” porque así lo habéis decidido entre todos, sabed que el puesto conlleva una gran responsabilidad. Siguiendo un poco con el consejo del anterior apartado, hay que tener en cuenta las necesidades y los gustos de cada uno de los miembros y no tomar decisiones unilaterales. Yo sé que a veces es muy difícil por lo que comentaba: sin mala intención, solemos tener más en cuenta nuestros propios intereses; pero hay que recordar que es un viaje en grupo y que todos tienen derecho a pasarlo igual de bien.

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En una excursión con amigos a Tigre, Buenos Aires

Si no lo hacéis por eso, pensad que cuantos más puntos de vista tengáis, más rico e interesante puede ser un viaje. Puede ocurrirnos que estemos tan obcecados en aquello que nos gusta y que creemos va a gustar al resto del grupo, que nos estemos perdiendo un montón de oportunidades por el camino. La perspectiva del resto del grupo e incluso de una persona ajena al viaje, puede venir muy bien para refrescar nuestra visión y probar cosas que quizás no haríamos por nosotros mismos.

7. Lidiar con la falta de iniciativa.

Si en vuestro grupo de amigos estáis todos súper compenetrados y tenéis las cosas más que claras, ¡no sabéis la suerte que tenéis! Mis aventuras por el mundo con mis queridos amigos no han hecho más que poner de manifiesto lo tremendamente indecisos que podemos llegar a ser en determinadas ocasiones (sí, me incluyo yo también). Si eres quien organiza el viaje, debes hablarlo todo con tus compañeros e intentar tomar las decisiones en conjunto; pero ¿qué pasa cuando son más los interrogantes que las ganas de solucionarlos?

¿A dónde queréis ir?” “Ay no sé, donde queráis”. “¿Playa o montaña?” “Ay pues lo que más os apetezca”; “Bueno pues habrá que ir pensando en algo ya.” “Sí, sí, sí, ya lo miraremos...”

En este punto, entran en juego tus dotes de liderazgo: debes guiar las indecisiones del grupo hacia una propuesta que sepas más o menos que va a ser del agrado de todos y si aún así los interrogantes persisten, habrá que ir tomando alguna decisión unilateral (siempre como último recurso), porque a veces el tiempo corre a prisa y el espectáculo debe continuar. Así que sí, quizás tengas que alquilar un apartamento sin tener el beneplácito de todos, sacar los tickets para un museo o elegir cuál es el mejor medio de transporte para ese tramo del viaje sin consultarlo antes.

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Calella de Palafrugell, destino que decidí yo unilateralmente

8. La no frustración ¿es posible?

No te preocupes porque si hay algo que nos les gusta, se van a encargar de hacértelo saber; en eso sí van a estar todos de acuerdo. Es como el perro del hortelano que ni come, ni deja comer. Ellos no son capaces de tomar ninguna decisión pero como tomes tú alguna que no convenza del todo, puede caerte un aluvión de críticas y quejas; y eso es tremendamente frustrante, creedme: yo lo sé.

En estos casos no se puede hacer otra cosa más que respirar, armarse de paciencia y seguir trabajando en un proyecto que complazca a todo el mundo. También hay que darle la vuelta a la tortilla al método y pensar que, sin quererlo, te han dado la solución al problema: en vez de tratar de encontrar aquella opción que pueda gustar a todos, ¿por qué no empezar por aquello que parece que no gusta a nadie y seguir en esa línea? Quizá sea más rápido y eficaz que intentar poner de acuerdo a todo el grupo.

Durante el viaje:

9. ¿Todos a una como en Fuenteovejuna?

Al principio yo era de la opinión de que si nos íbamos todos juntos de viaje, era precisamente para compartir experiencias y pasar el mayor tiempo posible juntos; un tiempo del que quizás por el trabajo, los estudios o una complicada vida familiar no podíamos disfrutar el resto del año. En mi cabeza no concebía que en una escapada de apenas una semana necesitáramos tiempo a solas, quisiéramos dividirnos y/o hacer actividades por separado, ¿cuál era el objetivo del viaje entonces?

Con el tiempo he ido soltando un poco las riendas. He aprendido que, pese a ser los mejores amigos y compañeros de viaje, pasar las 24 horas al día juntos puede llegar a ser un poco cansado y agobiante y que, a veces, podemos necesitar un tiempo a solas para reconectar con nosotros mismos como personas individuales.

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Interior de la Christ Church en Dublín, iglesia que sólo visitamos dos personas

No me malinterpretéis, para mí lo ideal y lo bonito de un viaje con amigos sigue siendo estar en grupo, estrechar lazos y vivir aventuras todos juntos pero eso no significa que tengamos que ir pegados cuerpo a cuerpo y enganchados de la mano todo el día. En ocasiones ni siquiera significa hacer todas las actividades y visitas en grupo: alguna vez ha ocurrido que la mayoría estaba súper interesada en visitar una iglesia, por ejemplo, y había una o dos personas a las que no les llamaba en absoluto la atención. Mi primer consejo sería que abrierais la mente y no os negarais a ninguna actividad, nunca se sabe cuan interesante puede ser una visita que al principio no os decía nada; pero – y esto va para todo el grupo – si de verdad no quieren hacerla, está bien, no hay por qué obligar a nadie, ni tampoco sacrificarse. Aquellos interesados deberían tener la oportunidad de disfrutarlo mientras el resto espera fuera o se deleita con un café en la terraza de algún bar. Al final es como ir a un parque temático, no todo el mundo tiene porque subirse en todas las atracciones.

10. Sinceridad, Confianza, Comunicación y Respeto mutuo. 

El viaje es un torbellino de nuevas sensaciones, emociones y sentimientos que emergen a flor de piel de forma magnífica y descontrolada. Estando fuera de vuestra zona de confort, en un lugar que quizás habíais soñado con visitar durante años e intentando aprovechar cada minuto posible para vivir y asimilar toda nueva experiencia en grupo; cada nueva imagen puede provocar la alegría más enérgica, cada broma la risa más desencajada y cada infortunio el llanto más desolador.

Aunque pareciera imposible pensar con la cabeza en ese estado, uno debe tener cuidado con lo qué dice y hace porque, a esa altitud de onda, un movimiento desafortunado puede causar que un sentimiento efusivo y alegre se despeñe en picado hasta convertirse en angustia, rencor y enfado y provocar un conflicto que arruine el resto del viaje. Para evitarlo, lo mejor es ser sincero con uno mismo sobre aquello que siente, quiere y necesita, comunicarlo respetuosamente y esperar que la amistad y la confianza que os une sea lo suficientemente fuerte como para ser comprendido y provocar una respuesta positiva y conciliadora. 

Disputas y encrucijadas las habrá igualmente. Es normal que en un grupo de personas diferentes, cada una se enfrente a las situaciones límites del viaje (buenas y malas) de una forma distinta y que eso precisamente pueda llevar a rencillas o malentendidos, pero al final, si os queréis, os respetáis y os hacéis entender, no creo que haya ninguna situación que quede sin solución. En caso contrario, me temo, os habréis equivocado de equipo viajero.

11. Paciencia, que es la madre de la ciencia.

Pero quererse y respetarse no es la única receta a seguir, a veces hay que añadirle también una pizca de paciencia. Si es la primera vez que viajas con ese grupo de amigos, por mucho que ya los conocieras bien con anterioridad, estoy seguro de que descubrirás nuevas facetas suyas que no esperabas, algunas de las cuales amarás y otras que quizás te saquen un poco más de quicio y que tendrás que sobrellevar como puedas. Si ya habías viajado con ellos y ya conocías de antemano esa parte de tus amigos que menos te gusta, aunque con más práctica, tendrás que digerirla igualmente. Pero eso es una de las cosas más bonitas de la amistad: estar ahí a las buenas y a las malas, ¿no?. Sólo debes recordar los consejos 9 y 10 de este artículo y todo saldrá bien.

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Con dos amigas en Irlanda, en nuestro segundo viaje juntos

Más allá de las peculiaridades y comportamientos de cada compañero, también habrá que ser paciente con sus respectivos ritmos de vida y de viaje: Algunos gustarán de pararse a examinar cada cuadro del museo, otros se deleitarán un buen rato con el paisaje, dos o tres necesitarán media mañana para despertarse y acabar de ponerse en marcha y alguno seguro que querrá llevar un ritmo frenético y pasarse el día corriendo arriba y abajo por la ciudad. En estas ocasiones, la mayoría manda y hay que saber amoldarse al grupo, tanto para poner el pie en el freno como para darle vidilla al asunto.

A mí personalmente, ya sabéis que me encanta la fotografía y siempre ando parándome en cada esquina para captar bien la esencia del lugar; por gusto y últimamente también para documentarme bien para el blog. Esto ha hecho que me hayan tenido que esperar muchas, muchísimas veces y/o que cuando me doy cuenta, ya estén súper alejados de mi posición y tenga que correr para alcanzarlos; pero nunca se han quejado y me han puesto mala cara por ello y eso, la verdad, es de agradecer. También ha ocurrido al revés: yo aborrezco el postureo y no me gusta quedarme media hora en el mismo rincón, por muy bonito que sea, para hacerme 800.000 fotos iguales, con una mínima variante en el posado para después, con suerte, colgar una en las redes sociales; pero oye si es lo que disfrutan mis amigos, ¿quién soy yo para negarles esa experiencia?. Paciencia y adelante con la vida.

12. Temple viajero, que no queremos montar un drama.

Lo que no puedo hacer tampoco es mentiros, ya os había dicho que por mucho amor, respeto, confianza, comunicación y paciencia que tengáis, es inevitable que haya discrepancias y pequeños conflictos. Al fin y al cabo, el viaje es como cualquier otro aspecto de nuestra vida: una sucesión de curvas, altibajos y baches en el camino. Suerte también de ello porque, ¡qué aburrida sería si siempre fuera una carretera recta y perfectamente asfaltada! Pero para cuando las buenas recomendaciones fallen, sintáis que estáis a punto de explotar y queráis dar un volantazo, hay que saber tener el temple y la frialdad como para alejarse de la situación y no cargar contra todas las personas de vuestro alrededor. No creo que en ese momento importe tanto dar el espectáculo delante de innumerables desconocidos pero hay que pensar que la situación se puede agriar demasiado y terminar por destruir el buen rollo que se había creado en el grupo.

Es cierto que si viajáis con vuestros amigos de verdad y seguís todas las indicaciones de este post, minimizareis mucho las posibilidades de llegar a tal situación extrema; pero por si fuera el caso, alejaos, deteneos, respirad, contad hasta el infinito si fuera necesario e intentad aportarle perspectiva al asunto. Al rato, probablemente la situación empezará a carecer de la importancia que le habíais dado.

13. Negociación, ahí está la clave.

Al final de todo, la buena convivencia no es más que un toma y daca. Pequeños sacrificios por una parte que resultan en grandes recompensas por la otra. Siempre pensando en las necesidades del grupo sin olvidar nunca por completo las nuestras. Tampoco se trata de ir ya con la mentalidad de que el viaje va a ser una partida de ajedrez donde tendréis que renunciar a unas cuantas piezas para ganaros el disfrutar. Viajar con amigos no tiene por qué significar un sacrificio constante, sino más bien todo lo contrario: es una experiencia maravillosa que os dejará mil y un recuerdos que rememorar en el futuro y contar a vuestros nietos. Pero como ya vengo diciendo en todo el artículo, el viaje con amigos deber ser una aventura en grupo donde, a veces, se dejan de lado las aspiraciones personales para lograr un “fin mayor”.

14. Mucho, mucho sentido del humor.

Quizás, en todo el post pareciera haber planteado el viaje en grupo como una terrorífica escalada hacia el Everest de la diversión, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, si algo va a rezumar seguro vuestro tiempo juntos es precisamente diversión y risas. Y más si como nosotros, sois propensos a que os pasen todo tipo de anécdotas fuera de guión que rayen el bizarrismo. Cosas como que un compañero (borracho) se baje del autobús al venir de fiesta porque según él “va más rápido caminando” y tener que ir a buscarlo; como que una amiga no sea capaz de pronunciar la marca Kukuxumusu y acabéis gritando por todo Dublín “Shumushukukú” o como casi perder el avión de vuelta porque cogisteis tarde al autobús al aeropuerto y que la señora del control de equipajes se emperre en vaciarte toda la maleta en busca de unas tijeras diminutas que encima te acaba devolviendo porque “no suponen ningún peligro”.

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Haciendo el payaso con unas amigas en Girona

Ya veis que más allá de pasarlo bien, el humor y la risa son los mejores aliados en las situaciones adversas porque probablemente no haya nada en este mundo que unas buenas risotadas no sean capaces de haceros olvidar. Al revés, serán esos momentos cómicamente fastidiosos y comprometidos los que, en un futuro, recordéis con más ternura y añoranza.

Y mientras tanto termino de escribir esto y rememoro todos esos momentos, estoy planificando ya mi próximo viaje con amigos al Pirineo Catalán, para el que falta solamente una semana. ¿Me serán suficientes mis propios consejos o averiguaré nuevas formas de pasarlo bien con mis amigos sin morir en el intento?

Y vosotros, ¿os animáis a viajar con vuestros amigos?

¿Ya lo habéis hecho?

¿Nos dejáis algún consejo extra o anécdota divertida?

Dejádmelo todo en comentarios y nos vemos después de vacaciones. Passi-ho bé! 

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